Nuestra dificultad para comprender a Maria - (pag. 81)
Nuestra dificultad para comprender a Maria - (pag. 81)
ser siempre más buenos, pacíficos y amantes, y así cambiar nuestros sentidos, nuestra comprensión, nuestra visión de la vida. El amor es lo que transforma todo y nos permite vernos en la dimensión de resucitados, humano-divinos que es propia de Cristo y de Maria, pero que es también perceptible por nosotros que todavía estamos en la tierra. Esta es la vida de la que hablaba Jesús, y es la vida que ha vivido y continúa viviendo Maria. Lo demás, en aquellos breves momentos en que conseguimos amar de verdad, sea a Dios o al hombre, alcanzamos a vislumbrar una realidad más rica que aquella que comúnmente vemos. Debemos buscar quitar de nuestros ojos el velo que nos impide ver la posibilidad en nosotros y fuera de nosotros. Debemos resurgir a la esperanza, hacer el punto principal de nuestra vida para no ser presa de los temores que paralizan nuestra creatividad y nos hacen estancar en lo igual. No debemos tener temor de concebir el amor como nuestra cualidad más profunda y la vida liberada del dolor y de la muerte.
Estos pensamientos no son ingenuas consolaciones, sino que son el sentido mismo de la vida, que sólo los mejores hombres tienen el valor de pensar. Tener fe en Jesucristo quiere decir tomar seriamente Sus palabras que, esencialmente, son: Revelación de Dios como Padre amoroso – Revelación del fin del Hombre como divinización – Revelación del amor como cualidad e instrumento de encuentro y de sentido tanto para Dios como para el hombre– Vida eterna en la plenitud de nuestra naturaleza– Derrota de la muerte a través del amor– Resurrección de todos aquellos que han estado vivos.
Este es el anuncio explícito de Cristo. El anuncio implícito de Maria y la mirada sobre la naturaleza humana desde el punto de vista de Dios.
La concepción de si misma que coincide con la del Creador, el amor como sentido y cualidad del propio ser personal. La resurrección de Cristo ha dado sentido a su muerte y a toda muerte, porque la ha vencido, y nos ha conquistado una vida divina donde la muerte ya no tiene sentido.
Por otra parte, sin comprender el recorrido de toma de conciencia de la propia naturaleza, análoga a la autorevelación del amor del Padre ocurrida en Maria, se hace muy difícil comprender la encarnación de Dios en Jesús y todavía más difícil comprender la mutación que El realiza en la naturaleza humana y en la divina.
La atención que prestamos al acontecimiento de Cristo y a Sus palabras es todavía sagrada, como si El ocultara una nueva realidad como la antigua. Pero, sea nueva o antigua, no nos pertenecen: estas pertenecen, bien a Dios, bien al diablo, jamás al hombre. El hombre es despojado de su misma realidad precisamente por aquel sagrado al que hace remontar todo ser o cosa. Y no puede ser sino así, porque en lo sagrado no hay amor, sino sólo poder. Es Maria quien ha rechazado esta visión y por eso ha podido ver el amor del Padre y también concebir en si misma el amor que ha generado el Hijo. Maria ha conservado íntegra Su visión: ninguno ha abierto Su fuente
…Fue ascendida al cielo directamente en la plenitud de la vida con toda Su persona: alma, cuerpo y espíritu. Si nuestros ojos no son capaces de verla siempre, es porque éstos todavía tienen la visión de la muerte como fin del hombre. Si nuestro corazón no es capaz de sentirla, es porque es éste todavía no hay puro amor. Si nuestra mente todavía no es capaz de comprenderla, es porque todavía no nos hemos atrevido a concebirnos divinos. Está en nuestras posibilidades adecuar nuestros sentidos a la nueva realidad que hay en nosotros y a nuestro alrededor, como está en nuestras posibilidades la de adaptar a nosotros la realidad mediante la creatividad. Habíamos realizado a través de la historia tanto camino evolutivo: somos hechos siempre más poderosos, más inteligentes, más sensibles. Podremos, por tanto, llegar a
Capire Maria
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