























Cuando le soy presentada, el Papa exclamó:”¡Ah, la Volpini, la de la carta!”. Yo le recordé mi caso de conciencia, objeto de la carta. El Papa se acordó y, cogiéndome las manos, con una mirada que no olvidaré jamás, me dice:”Hija mía, para un católico la primacía de la conciencia es indispensable para tener una relación personal con el Padre, con el Hijo y el Espíritu Santo; luego debe hacer lo posible para estar unido, en la caridad, con toda la Iglesia, que camina peregrina sobre la tierra, hacia el Reino. ¡Sé fuerte y misericordiosa!” El Papa era Pío XII.
Estas palabras personales del Papa me fueron de gran consuelo. No sólo. El Papa me bendijo y continuó adelante. Inicio el coloquio con la persona que se encontraba próxima a mí, luego imprevistamente, volvió atrás y alargó la mano para tomar el cuaderno en piel blanca que tenía oculto por el velo. Efectivamente, presa del escrúpulo de desobedecer a mi Obispo, que no quería que llevase mi cuestión a Roma, y un poco también por miedo a alguna distorsión – porque después de la carta de la que he hablado, desde Roma habían mandado a Tortona a un Visitador apostólico –, había decidido no entregársela. Así, por la emoción y por las razones ya mencionadas, agarraba fuertemente el cuaderno y obligué al Papa a hacer, por lo menos, tres intentos antes de cedérselo. Cuando lo tuvo en su mano, lo ojeó, deteniéndose en las páginas. Entonces, llenándome de valor añadí: ”Santidad, tengo otras palabras de la Mamá celestial para decirle, pero no aquí” Y él :”Querías una audiencia particular, es cierto. La tendrás, pero ¡ten paciencia!. Entre tanto una bendición muy particular”
Al terminar la audiencia partió en la silla gestatoria con mi cuaderno sobre las rodillas, y queda en mí una impresión enorme de su sencilla y gran paternidad.
Pero mientras, emocionadísima, hablaba con el Papa, éste no entendió algunas palabras debido a lo débil de mi voz y se volvió hacia un joven sacerdote, que estaba cerca de mí, para que se las repitiese.
Después de la audiencia, este sacerdote quiso verme para saber algo más. Fue así como lo conocí como padre Juan Arias. El encuentro con este sacerdote, dedicado a los estudios bíblicos y de intensa espiritualidad, fue muy importante para mi vida.
Compartimos todas las esperanzas de renovación de la Iglesia, el Concilio, el 68 y juntos buscamos modificar la imagen corriente de Dios, a través de artículos y libros.
En aquellos años publicó “El Dios en quien no creo”, “Cristo por redescubrir”, “Oración desnuda”. Fue una amistad que no se ha resentido ni con el tiempo, ni por las diversas situaciones de la vida en las que nos hemos encontrado. Todavía hoy es un gran amigo. Recuerdo que había mucha frescura en aquellos libros editados por la Citadella de Asís.
-Más bien Angela, ¿qué había escrito en el fascículo entregado al Papa?
-Todos los mensajes que la Virgen me había confiado, incluidos los reservados
-Es un tema que deberemos retomar. ¿Qué ha sido de la audiencia privada?
-No se ha realizado, porque desde allí, al poco tiempo murió el Papa. También por la confianza que tenía con Sor Pascualina, que estaba muy cerca de él, creo que la audiencia se podía haber llevado a cabo. No hubo tiempo.
La audiencia con el Papa - (pag. 99)
La audiencia con el Papa - (pag. 99)
Dove posarono i suoi piedi
…Estábamos a finales de 1957. No se consiguió, pero por interés de dos personas importantes, el honorable Scalfaro y monseñor Dell’Acqua, sustituto de la Secretaría de Estado Vaticana, hice llegar mi carta al Papa. A principios de abril de 1958 recibí imprevistamente una llamada telefónica de Roma, por la que me invitaban a una audiencia del Papa. Partí inmediatamente – exactamente era el 9 de abril – y tomé conmigo un folleto encuadernado con piel blanca, que el Comité del Bocco había expresamente preparado para el Papa. La Madre Gema Giannini, amiga de Santa Gema Galgani y fundadora de las Hermanas de Santa Gema me consigue que entre en el restringido círculo de personas próximas al altar de San Pedro. El Papa entonces descendía y se entretenía algunos instantes con cada una de las personas. Cuando
Ferdinando Sudati
Angela stringe fra le mani il documento per il Papa, e quasi non osa consegnarlo nelle mani del Pontefice
I messaggi riservati di Maria per il Papa sono ancora fra le mani di Angela
Angela fa un pò di resistenza, ma alla fine cede e consegna la cartella al Papa, il quale, non avendo udito bene le sue parole, si rivolge a un giovane sacerdote spagnolo, padre Juan Arias, perchè gliele ripetesse.
Il Papa si allontana. Angela e padre Arias, da quel momento, diventano amici.
Ed. Marna
Precio: 13 E
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