El sentido de la vida
El sentido de la vida
Todo lo que el hombre siente como propio y sobre lo que intuye que tiene legítimo poder, cultura e historia se lo quitan. Al hombre no le queda sino el no sentido de su existencia individual, para vivir como sufrimiento y frustración. Incluso la capacidad creativa, los afectos, los placeres no son suficientes para dar un sentido completo a la vida, porque es como si ésta perteneciera a otro, aunque los sufrimientos los padecen individualmente. A pocos hombres les viene a la mente que el acto verdaderamente creativo que un hombre puede realizar es el de dar, él mismo, el sentido a su vida. Esta posibilidad es nuestra única posibilidad. Verdaderamente nadie puede dar o quitar el sentido a nuestra vida, si nosotros se lo damos con total libertad.
Si no le damos el sentido a nuestra vida, subjetivamente, no nos queda sino acoger aquel sentido externo a nosotros, aquel que nuestro contexto cultural ha elaborado. Esta aceptación despoja al hombre del único acto soberano y fundamento de su misma humanidad como persona única, consciente e irrepetible.
El hombre que no se atreve a dar un sentido personal a su vida, es un hombre débil, sufriente y triste. Siente que la vida se desliza por encima sin poderla disfrutar, sin poder decir jamás: yo soy y vivo como pienso que debe ser mi vida. Sólo en el deseo queda intacta la intuición, que tiene todo el derecho y la libertad de dar a la vida el propio sentido. Pero el deseo que, para la cultura y la fe de la mayoría de los hombres, no es sino sueño y fantasía, incluso en nosotros, frecuentemente, no hace sino aumentar la frustración…La vida humana, como la vida en si misma, no tiene sino la finalidad de reproducirse. Sólo en el hombre la vida espera de ser finalizada. Y es precisamente el hombre, y sólo el hombre, quien puede finalizar su vida a la plenitud, que quiere decir:
conciencia de ser uno, único, originario-original y comunicante, y con esto dar sentido a la misma vida, también a aquella que todavía no ha llegado a la conciencia.
Este proceso es un acto creativo: el acto creativo por excelencia que hace al hombre referente de todo lo que es, y es en este acto donde el hombre se hace persona. El término persona, que toma todo su valor de unicidad y apertura en relación con todo lo que existe. En este punto el sentido de la vida es pleno, se puede disfrutar y es apasionante. El hombre descubre, finalmente, que habiéndose dado sentido a si mismo, se lo ha dado a todo el mundo, para que finalmente pueda ponerse y sentirse referente de todo lo que existe y ofrecerse igualmente. Se comprende, entonces, que cada hombre hecho persona, a través de su acto creativo, es la fuente de la alegría y del conocimiento de todo otro. Las defensas caen y empieza la maravilla de la contemplación. Finalmente conseguimos ver cuán bello es el mundo y que suerte extraordinaria nos ha tocado “en el hacernos” en este mundo.

Angela Volpini - 18 marzo 1999, Isole Canarie
...Sólo esta entidad podía dar el sentido de la vida del hombre. El hombre no podía aceptar, como sentido de la propia vida, lo que la cultura o la religión de su contexto histórico les ofrecían. Yo creo que el sufrimiento, la tristeza, y quizás la misma muerte, ha entrado en el hombre, precisamente, con motivo de este hecho: saber que vives individualmente, sufres, esperas, tienes deseos, imaginaciones, intuiciones dentro de ti, elaboradas por tu psique, pero todo esto no tiene valor, no tiene el poder de constituir tu yo, tu persona...
Fragmentos de una nueva visión del hombre
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