Debilitamiento divino - (cap. 12° - pag. 133)
Debilitamiento divino - (cap. 12° - pag. 133)
Fedeltà alla Terra
dolor que muchas veces se atribuye a la voluntad de Dios, y nos vuelve asustados cuando son los inocentes los que padecen. Efectivamente es, sobre todo, frente al dolor de los inocentes cuando nos surge espontáneo decir: “¿Dios dónde estás”? Dios está en aquel dolor porque ha elegido el amor impotente, es sólo a través de nosotros y con nosotros que El, como hombre, está en la posibilidad de vencerlo”.
Sería cómodo acusar a Dios de lo que no funciona en el mundo. Nos toca a nosotros, sin embargo, transformarlo en aquel Paraíso del que decimos que hemos salido con motivo de la misma libertad. La nada, el mal, el dolor: tres enigmas que no se pueden descargar sobre Dios. Considerando el acostumbrado estribillo, y éste es que la libertad y el amor son inseparables, Angela ve el culmen del Amor de Dios en haber usado su infinita libertad actuando sobre la nada, y regalando la continuación de Su obra a la criatura humana: “Máxima demostración de amor es poner en ser la nada como pura posibilidad incluidas la gratuidad y la exhuberancia del amor y comprendí que el poner en ser la nada en la pura posibilidad, a fin de que el hombre se haga y se cree como quiera, es lo máximo del amor: Dios lo da todo de si mismo por nosotros. Todas sus cualidades son accesibles a sus criaturas”. La pesada carga de la libertad comporta la posibilidad de hacer frente a la nada y al mal: “En aquel momento yo he pronunciado lo mío irrevocable; yo soy y soy para siempre. La libertad del hombre es verdaderamente el fruto del ilimitado amor de Dios, y es la medida de la realeza de nuestra humanidad. La libertad nos hace hombres verdaderos, capaces de decir si al amor del Padre y capaces de poner término a la necesidad, en cuanto que ya no es necesaria para nuestra elección de perfección, porque el sello del amor ha marcado todas las elecciones. Cuando yo afirmo la libertad total, radical del hombre, también para hacer el mal, y que también haciendo el mal, de todos modos, demuestra su absoluta libertad, su radicalidad está precisamente en la confianza que tengo en el hombre, fuente inagotable y manantial. Por tanto, la libertad nos hace más fuertes que el mal y que la nada unida a éste”. “El mal no me impresiona, puedo hablar porque no tengo miedo, no lo veo de una manera estática, sino dinámica. Comprendo entonces que el hombre que hoy hace el mal, mañana puede, igualmente, hacer el bien. De todos modos, también en el mal, si nosotros sabemos ver, hay una realización, nosotros experimentamos nuestra libertad también en el mal. Yo quisiera que no hubiera mal en el mundo, pero nuestra libertad también la experimentamos con él. El mal nace de la necesidad, que es el caos de lo posible, donde la libertad creativa del hombre puede ejercitarse eligiendo el bien, autocreándose en el amor y superando los límites que la misma creación ha puesto para tal fin. El mal es, por tanto, por una parte la necesidad mediante la que se dirige y desarrolla nuestra libre creatividad que tiene como fin su superación - el mal es personal, pero tiene un alcance universal -, por otra parte es también la acumulación de las elecciones libres negativas que los hombres han hecho en la historia”. La descripción que Angela hace de las posibilidades humanas de vencer el mal, nos pone ante un cristianismo todo lo contrario de fácil. Mientras tanto los términos cristiano y humano, para Angela, son equivalentes. Dios no ha creado una comunidad de elegidos, sino una humanidad única, en la que El extiende, cediéndolo, su poder en la Nada..
…Una pregunta surge espontánea: ¿Cómo podría jamás la criatura, frente a tanto don y a tal expoliación divina, vanagloriarse de su libertad y usarla contra el Donador? Lo puede, porque su libertad, de otra manera, sería incompleta. Mientras Dios no puede retomar lo que ha dado. El hombre puede renegar de Dios, mientras Dios no puede ya renegar de su “creación”. En este punto otra consideración se abre camino. No está sembrado de rosas y de encanto el camino de la libertad. Mucho más que “tener en mano” la libertad significa llevar sobre si mismo el dolor del mundo, su destino, sus derrotas, mientras Dios se hace ausente: “ninguna de las responsabilidades que comporta la libertad es fácil, todo es conquista dolorosa y algunas veces, también, derrota dolorosa. La derrota abre la puerta al dolor en el mundo, dolor
Ausilia Riggi
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