La comunidad
La comunidad
Fragmentos de una nueva visión del hombre
(continuación de la página Inicio)
...La comunidad de la que hablo no es la simple agregación de la vida, como nos ocurre al venir al mundo, sino que es el proyecto de cómo nosotros concebimos la convivencia humana, es el tipo de relación que queremos establecer con el otro. En una palabra, es el modo como nosotros concebimos las relaciones entre los hombres y como queremos que estos interactúen entre ellos para poder usar, por el bien de todos, originalidad y creatividad, y hacer así un mundo más bello, más bueno, más justo. Un mundo en el que nos sea agradable vivir. En
En lo profundo de nuestro deseo, este tipo de mundo nosotros lo queremos, e intuimos que también somos capaces de construirlo, si perdiéramos el miedo a comunicar este deseo, esta visión. Descubriríamos que es el deseo de todos. ¿Por qué, entonces, es tan difícil vivir y pensar en un mundo mejor, en la comunidad?. El obstáculo más grande es el miedo a comunicar el propio si mismo. Se teme que el otro, antes que acoger la unicidad de nuestra persona, la banalice o esté dispuesto a reconocerla, sólo si copia el modelo que en aquel momento esté de moda. Nosotros tememos exponernos, comunicar, tenemos pudor para decir las cosas más personales y en las que nos reconocemos.
Tenemos miedo a ser profanados, aunque el deseo de comunicarnos es tan grande y el tenerlo todo dentro nos hace sufrir y entristecer. Imaginar un mundo donde no sea necesario defenderse, donde el otro te acoge y te escucha con alegría, porque sabe que tu comunicación es única e irrepetible y, por eso, es el máximo valor – este es el sueño de todos –. Pero todos quedamos encerrados en nuestro yo y construimos grandes defensas para que ninguno vislumbre lo que existe en la intimidad. Somos personas con el deseo de comunicarnos, de ser acogidos, de escuchar y de acoger, pero sólo somos individuos cerrados en la propia subjetividad de la vida cotidiana. Y así ninguno nos puede quitar del dolor, ninguno nos puede abrir a la esperanza de un futuro mejor. Nuestras defensas nos sofocan. Nuestro deseo es demasiado débil para quitar los condicionamientos culturales que no nos permiten comunicarnos como somos en nuestro interior. El hábito mental más común, impersonal, se hace el común denominador para todos. La persona potencial, que somos cada uno de nosotros, queda sepultada en el propio deseo y tristeza.
La comunidad que - comunicándonos entre nosotros – podremos construir juntos, queda en el horizonte de la esperanza y de toda fe. Se espera que allí donde nosotros habíamos cedido nuestra posibilidad, otros semejantes nuestros, u otros seres superiores a nosotros, puedan realizar aquello que nosotros no habíamos podido o querido realizar.
En este repliegue sobre si mismo hay dolor, no sentido, y retroceso de la creatividad humana y de la historia, con relación a aquello que podría hacerse. ¿No os habéis jamás preguntado por qué grandes civilizaciones llegan hasta un cierto punto y luego desaparecen? Pues bien, yo mantengo la tesis de que cuando el hombre llega a realizar los contenidos de su cultura, termina su evolución. En este punto, si él no da un salto de calidad, liberando su fantasía y creatividad, no puede sino morir. El hombre, para continuar su historia, debe permitir a su fantasía las más arriesgadas hipótesis. Debe dejarla libre para pensar en un mundo mejor con relación a aquel en el que se encuentra viviendo, debe poder pensar en un mundo de amor, donde él es necesario para dar y recibir amor. Donde él es el referente de todo el amor del mundo, y es todavía la fuente de todo el amor para el otro.
El hombre no debe temer a la propia creatividad, porque es a ésta a quien está confiada la realización de las hipótesis de la fantasía. La creatividad de la persona sirve para hacer el mundo como nosotros lo imaginamos en nuestro deseo de amor y armonía. La creatividad de cada persona es el don singular que ésta puede hacer a los otros, a todo el mundo.
Y es, precisamente, con la creatividad como nos ponemos en relación original y única con toda otra persona Y esta relación entre las personas es el inicio de la comunidad. No puede haber comunidad si no hay persona…No hay persona si no hay relación creativa entre las personas…Y la persona nace de su autónomo acto creativo inspirado en el deseo, que contiene tanto nuestro fin, como nuestra identidad, precisamente, como deseo.
Empezar a comunicarse el propio deseo, sin miedos y pudores, quiere decir empezar un proceso que nos llevará lejos…Para ser personas y para proyectar juntos la comunidad como el arte de vivir juntos en la alegría.

Angela Volpini - 18 marzo 1999 Isole Canarie
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