Mi “vía crucis”

Me impidieron por todos los medios enseñar el lugar de las apariciones y, prácticamente, me secuestraron durante cuarenta días, sometiéndome a exámenes, interrogatorios; llegaron incluso a cambiar las agujas de los relojes para engañarme. Fui sometida a una especie de lavado de cerebro para convencerme de que aquello que había visto sólo eran alucinaciones. Se constituye una comisión de teólogos y psiquiatras que finalmente emiten un veredicto: “No hay pruebas para decir que el acontecimiento es sobrenatural, ni para decir que es un engaño. La niña es sana de mente y de buena fe” En cuanto a los mensajes por mí
He nacido el 1 de junio de 1940, en una familia campesina, en Casanova Staffora, un alegre pueblito del Oltrepó paviano – donde vivo todavía- inmerso en los bosques, atravesado por un torrente. En este ambiente campesino, también nosotros, los niños, debíamos ayudar a la economía doméstica, acompañando mañana y tarde a las vacas a los pastos. A la edad de siete años, el 4 de junio de 1947, me encontraba con mis compañeros apacentando las vacas en los pastos del Bocco, una localidad distante como una media hora del pueblito. Estaba sentada en la hierba confeccionando ramilletes de flores cuando, de improviso, sentí a una persona cogerme por debajo de los brazos, por detrás, y levantarme como para tomarme en brazos. Me volví, convencida de encontrarme cara a cara con mi tía y, en cambio, me encontré frente a un rostro de mujer bellísimo, dulcísimo y desconocido.

Una experiencia maravillosa y impresionante

Aquella fue la primera de las ochenta apariciones de María que se repitieron el 4 de cada mes, menos dos interrupciones, hasta el 4 de junio de 1956. Desde aquel día fue convulsionada, no sólo mi vida sino también la de mi familia. En poco tiempo la noticia llegó a la portada de los periódicos y multitudes inmensas – hasta 300000 personas en un día - llegaron a Casanova en los desvencijados autobuses de la época, para asistir a mis éxtasis, con la esperanza de ver también ellas a la Virgen. Los periódicos de la época hablaron de fenómenos solares extraordinarios que acompañaban a algunas apariciones. El 4 de marzo de 1948 fue el momento de mayor afluencia y también el de mayor tensión. Con distintos motivos, tanto la autoridad eclesiástica como la civil, tomaron medidas drásticas contra esta pequeña niña que aseguraba que veía y hablaba con la Virgen
La historia
mí narrados, a continuación de las apariciones, la autoridad eclesiástica no encontró en ellos nada contra la fe, no obstante reconocer en ellos una visión de lo divino distinta de la tradicional. En 1949, estando en tercero elemental, fui obligada a abandonar la escuela: porque contestaba a la manera como se enseñaba la historia y por los peregrinos que, con demasiada frecuencia, interrumpían la clase durante la lección. Mientras abandonaba el edificio escolar prometí volver a aquel mismo lugar para enseñar a los hombres el mismo mensaje, redescubriendo su valor como “persona”. Después de doce años aquella profecía se cumplió: la escuela se transformó en la sede del Centro de “Nova Cana”
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