apariciones marianas, que describen la aparición como describirían cualquier otro acontecimiento: Ángela nos describe, en cambio, las modificaciones que ocurrieron en ella en el contacto real con la mano y los brazos de María. El relato, en esto, parece más bien el de una experiencia mística que el de una aparición mariana: lo místicos, efectivamente, describen siempre sus experiencias que, habitualmente, no son acompañadas de visiones. Y también cuando lo están, lo que más cuenta es el efecto que éstas tienen sobre la persona que las experimenta. La autenticidad de una experiencia mística se mide habitualmente por las modificaciones que éstas producen en el sujeto.
En el caso de Ángela Volpini nos encontramos frente a un caso singular: en el centro del relato hay una experiencia táctil: el modo en que viene descrita es nuevo y singular. Es la experiencia del cuerpo de la Virgen como de un cuerpo cósmico. Se trata, por tanto, de la experiencia de la Virgen en cuanto cuerpo glorioso. Las apariciones suceden entre  1947 y 1956: en el año 1950 Pío XII proclama el dogma de la Asunción. Las apariciones de Casanova tienen, con relación a la proclamación de este dogma, el mismo papel que las de Lourdes tienen con relación al dogma de la Inmaculada Concepción.
Vale la pena recordar qué año fue aquel 1950. La cortina de hierro estaliniana, el más sistemático y perverso de los totalitarismos, había descendido sobre centro Europa. Las Iglesias eran sistemáticamente destruidas  Pero en aquel año sucede algo más amenazador. Las tropas comunistas de Corea del Norte invaden victoriosamente Corea del Sur. El general Mac Arthur, que había obtenido con la bomba atómica la rendición de Japón, frente al espectáculo de las tropas americanas en ruta y a la abierta intervención china, pide al presidente Truman autorización para usar la bomba atómica        
más allá del río Yalu: es decir, en territorio chino. En aquellos días, y durante dos años,  hasta la muerte de Stalin, la tercera guerra mundial, aunque en forma nuclear, pareció inevitable.
Truman, uno de los más grandes presidentes americanos y el único al que los europeos deben recordar sólo con sentimientos de gratitud, responde pidiendo la dimisión del generalísimo.
Cuando Pío XII proclamó el dogma de la Asunción, la  situación del mundo y de la Iglesia eran más trágicas que en los tiempos de Pío XI, que definió el dogma de la Inmaculada Concepción y el de la infalibilidad pontificia. Ciertamente en las intenciones del papa, el cuerpo glorioso de la Virgen era la esperanza confirmada de que el cuerpo de la humanidad, vulnerada por la violencia de los totalitarismos y de las guerras, habría sido salvado. Entonces ésta parecía una esperanza imposible. Tenía en si una carga de alarma mayor que la que hoy tienen el problema del ambiente, el de la deuda externa del Tercer Mundo y el del Oriente Medio juntos.
Frente a la radicalidad del desafío que lo nuclear militar introducía en el mundo, frente a la permanente violencia totalitaria, el cuerpo glorioso de la Virgen y el doliente de la humanidad, aparecían como un solo cuerpo. Esta dramática coyuntura está colocada en el centro de la experiencia de Ángela Volpini, en la que domina la relación táctil con el cuerpo de María y la percepción de la dimensión cósmica de este cuerpo. Todo lo creado, toda la humanidad estaban contenidos: y la vidente podía experimentar, el carácter físico de la presencia de la Virgen, su fisicidad y, al mismo tiempo, el carácter cósmico del cuerpo de María, la experimentación, por parte de la vidente, tanto del cuerpo físico como del cuerpo cósmico de la Virgen. Para comunicar su experiencia, Ángela Volpini debe recorrer nuevos registros del lenguaje: ¿alguna vez la misma mística cristiana ha desarrollado una doctrina sobre la experiencia del cuerpo glorioso? Incluso los relatos místicos más “carnales” como la sustitución de los corazones o la lactancia, han descrito estas experiencias como si se tratase de visiones o de imágenes, no de verdaderos contactos entre cuerpos. Las páginas aquí escritas son los primeros relatos de la relación entre un cuerpo glorioso, el de María, y el cuerpo de la vidente.
El texto de Ángela Volpini índica la dimensión cósmica: “ notaba como un conjunto convergente de individuos creativos que me constituían y que habían finalizado su ser  conmigo, que trascendía a mi persona en el sentido y, al mismo tiempo, daba su significado e identidad”
Es evidente que Ángela recibe en su cuerpo la experiencia del cuerpo glorioso  de la Virgen: este comunica, por tanto, con su cuerpo, que está envuelto en la gloria, entra en la plenitud humana de la Divino – humanidad. Y este cuerpo es también un cuerpo físico: “recuerdo la felicidad de mi mano izquierda que era mi felicidad, pero también la suya tan solo, en cuanto que podía contemplarla  y conocer el sentido que ésta experimentaba en si misma. El deslizarse de mis células, que eran mías, pero que al mismo tiempo tenían  su autónoma individualidad. Las sentía como mías difusamente,   pero también como suyas: en este caso la grabación de su movimiento autónomo era contemporánea a mi complejidad unitaria, que constituye mi cuerpo, pero distinta.
Luego los sentidos se dilataban hasta ser contenidos los cinco en uno en rotación.
La vista y el oído sentían y veían el mundo como yo y mis relaciones con el mundo dentro…Ellos se volvían también gusto, tacto y perfume….Así  se comportaban el gusto, el olfato, el tacto. Ellos trasformaban en imágenes y sonidos todo lo que tocaban, olían, saboreaban”
Ángela no conocía la doctrina de los sentidos espirituales, clásica en la mística cristiana después de Orígenes y Agustín, ni siquiera cuando iniciaba años después las visiones, el esfuerzo para transformar la experiencia en lenguaje. La relación ocurre  en la madurez lingüística adquirida durante una vida larga porque se inicia precozmente. Aquí impresiona tanto el relato de la experiencia, como el lenguaje con el que ésta es narrada.
Sería interesante conocer los antecedentes de este lenguaje, tanto en los relatos místicos precedentes, como en la cultura contemporánea. Ambos son notables: en efecto, una dimensión corpórea está presente en tantos relatos místicos de todos los tiempos, pero Ángela Volpini dispone de un registro para expresar el cuerpo que es bastante más rico que el que poseen los redactores de los relatos precedentes.
La diferencia entre cuerpo y células, el término de complejidad usado en sentido propio, indican una actualización que no era dada por los autores de relatos místicos que disponían sólo de los términos del lenguaje bíblico o eclesiástico. No hay duda de que el lenguaje de Ángela Volpini toca un problema abierto en la teología contemporánea: el de la diversidad del lenguaje sobre la inmortalidad del alma y el de la resurrección de la carne.
Ángela no usa jamás el término “alma”, pero ofrece un lenguaje sobre el tema de la resurrección del cuerpo. ¿Es posible una teología del cuerpo glorioso, de sus dimensiones físicas y cósmicas? Esta es necesaria para una doctrina unida al cuerpo histórico, posible, resucitado, eclesial y cósmico de Cristo: pero éste es todavía un terreno en gran parte inexplorado. Ni el Viejo, ni en el Nuevo Testamento tiene una doctrina de la inmortalidad del alma. Sin embargo, tanto Pablo como Juan conocen  una contextualidad entre el presente cuerpo físico y el cuerpo glorioso. Pablo pedía ser disuelto y estar con Cristo: ¿cómo? En vano se buscará en Pablo una sola alusión  a la inmortalidad del alma: esta doctrina se hace clásica  en la teología y en la enseñanza eclesiástica después de Orígenes. Para Juan, quien cree en El tiene en si desde ahora la vida eterna,  y por eso resucitará en el último día. Hay una relación entre el cuerpo del Resucitado  y la condición  de los que mueren en él, que les ve como presentes en el cuerpo físico y cósmico del Cristo glorioso.

Gianni Baget Bozzo
Prefacio
Presentar este libro de Angela Volpini es una tarea estimulante, pero no es fácil. Este libro es, efectivamente, un laboratorio lingüístico, es una operación sobre el lenguaje. Si se quisiera hacer la lista de las palabras claves, aparecería clara la tensión a la que las palabras están sometidas, empujadas para ir más allá del uso corriente en el discurso. La palabra clave, ciertamente, es “crear”, también en el compuesto “autocrear” que es por si mismo característico de Ángela Volpini. Este texto tiene en su centro el relato de una visión de la Virgen. Pero este texto no se acerca nada a aquellos a los que estamos acostumbrados. En la relación misma de la visión, no es el objeto del relato lo que está en primer plano, es la experiencia de la vidente. No hay aquí nada semejante a los relatos de las más conocidas apariciones
Angela Volpini
La Virgen cercana a nosotros
Precio: 10 E
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