Mi experiencia - (cap. 7° - pag. 96)
encuentro, el ser originario de  María: la anunciación. El anuncio que confirmaba su opción-elección de amor como cualidad original de su persona. Opción-elección que era también la mía y que es la de Dios. Revelación del corazón de Dios en el corazón humano, a través del encuentro de dos criaturas que se reconocen iguales y distintas, originarias y comunicantes, persona y humanidad, sujeto y especie, y que experimentan la no contradicción entre diversidad y comunión, sino que la viven como fundamento la una de la otra y que, mejor dicho, es una y otra dimensión la que nos constituye sujeto, persona creadora, amante y libre. Revelación de un proyecto único y personal de creación de posibilidades como libertad que se hace amor, subjetividad y relación. Lo divino como comunión, lo humano como diferencia. La relación con María era con su persona y, al mismo tiempo, con Dios, lo divino que había en Ella y en mí permitían a ambas encontrarnos, comprendernos, amarnos personal y universalmente, sin disminuir nuestra relación que mantenía toda la potencia de un yo y un tú y, al mismo tiempo, se hacía un “todo” igualmente personalizado porque, precisamente, es generado y modelado por aquel yo y aquel tú en relación.
Relación que se hace lugar de nacimiento y crecimiento, espacio, ambiente del amor y por el amor, tiempo inicial de la diferencia subjetiva y continuidad de la persona en el siempre creativo.
Elección de mi cualidad humana de Amor. Encuentro y acogida del Divino como respuesta a mi elección y reconocimiento de la misma “elección”:”todos son llamados, pocos los elegidos”. Dios nos elige a todos, en su llamada al amor, pero queda elegido solamente quien, desde su libertad, elige como su cualidad el amor y  que, para estar en la continuidad de la elección, debe estar en la continuidad de la libertad y del amor. Porque el amor es la  cualidad que nos pone en comunión con lo Divino y la libertad es nuestra diferencia humana. Y ningún hombre puede renunciar a la libertad de su fuente originaria, ni siquiera por amor; el amor es su opción, elección, cumplimiento, fin, no su origen; éste es de Dios, y Dios no puede renunciar al amor para mantenerse divino y diferente de nosotros.
El, igualmente, no nos puede privar de nuestra libertad, porque es lo que nos hace originarios, diferentes. El amor es accesible, la libertad no, ni siquiera para Dios. Esta es radicalmente subjetiva,  por eso nuestra elección de amor puede darnos otra naturaleza que yo llamo “autocrearse por el amor” porque, nosotros y solamente nosotros, lo podemos hacer como soberanos, y lo podemos hacer en base a la libertad  y como actualización de la libertad originaria de nuestro ser aquí.
… Lo divino incluía mi subjetividad, la Suya,  la del mismo Dios y la  de todos los que aman, porque era el Amor, o sea mi apertura – acogida a Ella como la Suya a mi. El amor es la capacidad de acoger todo en la propia subjetividad, para que ésta se haga lugar donde lo indistinto pueda tomar las formas de la distinción y proceder por si misma como originaria distinción, manteniendo la relación a través del mismo proceso de acogida. Estos acontecimientos transformadores obtenidos en el encuentro con María yo los he llamado Fines del hombre - Humanidad realizada – Posibilidad de autocrearse – Hacerse divinos – Superar la muerte – Alegría sobre la tierra – Amor – Posibilidad – Libertad – Experiencia de Dios y tantos otros nombres. Pero era, de hecho, el encuentro con María un encuentro que actualizaba otro encuentro
Angela Volpini
(sigue de la página "Libros y Dvd")
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