proclamar la paz o buscarla, quiere decir, sobre todo, no aceptar más ninguna situación de injusticia, ni personalmente, ni como pueblo o grupo; quiere decir concebir los recursos, tanto los personales como los ambientales, como lo concreto, lo diversificado que haga posible un cambio de integración que tienda a llenar los vacios, las insuficiencias y a promovernos hacia la autonomía y un justo bienestar, lo que sólo puede suceder de las elecciones libres.
La indigencia y la vejación no favorecen la paz, no pueden favorecerla, porque la exigencia y la necesidad de justicia son irreprimibles, estando unidas no sólo a la supervivencia sino también a la calidad de la vida. El pueblo no ha tenido, hasta ahora, sino la posibilidad de expresarse violentamente, en sus conquistas de justicia, y de estar por encima de todo perenemente frustrado por todo nuevo poder que se instalaba a través de la institución de la delegación, aparentemente democrática, pero que de hecho era mucho más ambigua y frustrante, porque promete, sin hacerla posible, la participación. Es difícil liberarse también de este engañoso poder, tanto porque no se atreve a identificar de modo preciso al tirano, como porque se nos carga personalmente la responsabilidad del mal gobierno, en cuanto que está avalado mediante la delegación. Por eso la respuesta al malestar producido por el mal gobierno, hecho impersonal, casi abstracto, es de rabia. Esta rabia se expresa, o en actos violentos contra todas las estratificaciones que constituyen el rendimiento y el mantenimiento de este tipo de poder, o bien induce a soñar con otro tipo de poder que legitima su totalitarismo, queriendo realizar la igualdad y la justicia social. ¡Y este poder, la delegación, ni siquiera la pide, la coge! O todavía se sueña que un hombre fuerte produzca un sistema fuerte, donde todos están obligados a hacer sus deberes, esperando así tener aquel mínimo de justicia indispensable para la paz. La paz, en cambio, no puede ser sino el resultado tangible de un modo de vivir personal y común que, aunque tantos hombres han buscado e intuido, pero han propuesto débilmente, está todavía todo por descubrir, todo por inventar. Este modo de vivir personal y común ¿cómo descubrirlo y cómo inventarlo? Descubrirlo quiere decir dar más crédito a las exigencias que sentimos dentro de nosotros y que nos conducen a determinar el valor en nuestro ser hombres libres, que en la relación con los demás hombres arraiga el sentido y el gusto de la vida. Quiere decir comprender que tu obra de transformación del ambiente, si no es reconocida también por los demás no te gratifica. Por eso, o se trabaja con los otros para la transformación de tu ambiente y para tu supervivencia, y eso tiene sentido; o bien tu trabajo, no sólo ya no tiene sentido, sino que acaba por ser un trabajo contra los demás y así se empieza a producir la guerra. ¿Qué quiere decir inventarlo? Quiere decir encontrar, porque se busca, el arte de convivir, enriqueciendo, bajo todos los aspectos nuestra vida personal, o la del pueblo, o la del grupo y de la humanidad en su conjunto. Quiere decir dar los espacios de expresión a cada persona y reconocer como persona sólo a los que viven trabajando por la libertad de cada hombre, por la justicia de cada pueblo, por la paz en toda la tierra. Quiere decir abolir toda forma de prevaricación del hombre sobre el hombre, reconocer y promover, como cultura, todo lo que lleva a la paz. Quiere decir reconocer y denunciar “a los cuatro vientos” lo arbitrario de todo poder. Quiere decir que hoy la única legitimación del poder se tiene cuando éste es ejercitado democrática y realmente como servicio de promoción y de desarrollo para todos los ciudadanos, para que cada uno, libremente, esté en disposición para expresar primero y gestionar después, su poder personal. Porque, hasta que un ciudadano no esté en disposición de expresar su proyecto personal de vida, no está ni siquiera en disposición de ejercitar su poder personal, sino contra los otros, o bien directamente, o precisamente a través de toda forma de representación que lo expresa, de vez en cuando, más o menos democráticamente. La gestión legítima del poder que viene de la delegación, es la que promueve a los ciudadanos, y está cada vez más limitada, a medida que el ciudadano esté en disposición de autogestionarse y reconocer a los demás el mismo derecho-deber. La madurez del ciudadano se mide por la capacidad de autogestión, su nivel de democracia está en reconocer a los demás como a sí mismo. Este es el inicio del camino de la paz. Este camino ahora ya es el único posible, si queremos continuar viviendo en esta nuestra tierra. Todas las elecciones hechas con inmadurez y con egoísmo se vuelven contra nosotros, desarraigándonos de toda posición que creíamos estaba largamente consolidada. La pobreza de respuestas que nos une a todos frente a la muerte total, ahora ya posible, además de asustarnos, nos hace descubrir como legítimos y fundamentados nuestro ser hombres, todas aquellas exigencias de justicia, de libertad, de amor, de infinidad, que habíamos apartado en el cajón como cosas de santos, de filósofos, de revolucionarios, de todos los que creían en cosas imposibles. Ahora la continuidad de la supervivencia, nuestro anhelo de paz, pueden sólo hacer apelación a lo imposible; a lo imposible porque hasta ahora la paz, antes que apoyarla en la lógica de la vida, la habíamos apoyado en la lógica de la muerte. Ahora descubrimos que todo nuestro sistema y sus producciones son de muerte, porque han nacido del atropello. La misma razón, instrumento para la continuidad y la infinidad de la vida, sólo la habíamos usado como instrumento que legitimaba la contraposición, el egoísmo, el odio, la guerra. Ahora que se puede perder todo, descubrimos la belleza de la vida, las posibilidades inexploradas que puede contener esta vida y todavía, como niños, gritamos; ¡queremos continuar viviendo, queremos la paz! Este grito es alegre y saludable, pero ineficaz. La paz no nos la puede dar ninguno. La paz sólo es el resultado de un modo de vivir que, partiendo de la persona, implica al grupo, al pueblo, hasta llegar a convertir al mundo en comunidad, no sólo de hecho, sino por elección consciente. La paz depende de nuestro trabajo por la paz. Debemos usar todos los instrumentos que poseemos, empezando por la razón, por la vida y su cualidad. Debemos evitar separar la vida de su contenido de felicidad y, por tanto, de la paz. No debemos estar más disociados entre la exigencia de amor y de comunicación, radicada en nuestro ser y la cultura del poder que se exterioriza en dominar y poseer siempre más. Hacer coincidir nuestro proyecto histórico con el intento de dar respuesta a nuestras exigencias de amor, es el único el trabajo significativo para el hombre y es el único trabajo para construir la paz. ¿Qué se debe hacer a nivel de grupo y de pueblo? Mientras se debe acelerar la maduración personal, se debe exigir y reivindicar que el poder, que se fundamenta en nuestra delegación, se ejercite no para su mismo mantenimiento, como frecuentemente sucede, y ni siquiera para mantener, precisamente, el estado existencial homogéneo al desarrollo de las clientelas mafiosas, sino que sea ejercitado para promover a todos los ciudadanos al desarrollo, empezando desde su cerebro hasta su tierra. No debemos tomar como modelos a los países ricos, sino acordarnos de que nosotros somos un país de recursos escasos, pero ricos en fantasía que podemos transformar en creatividad, haciendo posibles las cosas que para otro son imposibles. La fantasía, con mucha frecuencia, nos permite pasar los umbrales de lo imposible. Pero para que un hombre, un pueblo, puedan ejercitarla, necesitan que éstos, no sólo estén en paz, sino que tengan esos estímulos que sólo la responsabilidad directa para la convivencia y para el desarrollo les permitan. La gestión del poder como renta y asistencia aplasta todo recurso emprendedor y crea, además, desconfianza, egoísmo y aferramiento. Nosotros asistimos así a la degeneración de todo un pueblo que se está moviendo sobre el ”sálvese quien pueda” y “agarra lo más que puedas” por culpa de pocos hombres que han gestionado, gestionan y se preparan para gestionar nuestro poder, sustrayéndonos a través de la delegación, de manera privada, clientelar y estática. Todo el desarrollo se deja a los hombres de buena voluntad. ¿Nosotros podemos pedir la paz a aquellos hombres, a aquellos poderosos? Los poderosos no pueden sino ofrecernos la guerra: está en su lógica, está en sus elecciones de la gestión del poder. La paz no nos la puede dar ninguno, es bastante ridículo pedirla a los poderosos. A estos sólo podemos retirarles la delegación de nuestro poder. La paz sólo la pueden construir los hombres de buena voluntad, reconociéndose sujetos todos a un único destino de vida o de muerte, según su elección histórica de convivencia, ahora La futura humanidad, esta si será entonces posible, habrá descubierto que la contraposición es la guerra, que la integración con lo que es diferente, con el otro, es el amor, es la paz.

Angela Volpini - Casanova Staffora, 24 de octubre de 1981
...Yo me ilusiono con que este descubrimiento de la paz no sea sólo como “no guerra” y que la supervivencia no sea sólo como “no muerte”. Me esfuerzo para creer que los hombres, en esta hora dramática de la historia, descubran el valor de la paz como valor alternativo al modo de vivir hasta ahora perseguido por la humanidad en su conjunto. En efecto, la paz no puede ser sino el resultado de un modo nuestro de vivir todos en relación: digo todos, porque si falta uno, o con otro somos injustos, entran en crisis también los demás. Yo creo que proclamar
La paz como comportamiento
La paz como comportamiento
Fragmentos de una nueva visión del hombre
(continuación de la página Inicio)
Pagina IT
Comparte
Comenta
-Inicio


-La historia
-Encuentro con Maria
-El Bocco
-El territorio
-La gente
-Los personajes
-Películas históricas
-Fotos de la época
-Nova Cana
-Actividades
-Acontecimientos
-Hablan de ella
-Testimonios
-Palabras clave
-Libros y Dvd
-Reseña de prensa
Home IT
Inicio ES
Copyright © 2014 - Nova Cana
-Indicaciones
-Calendario
-Como llegar
-Contactos
-Donaciones
-Mapa del sitio
-Download
-Newsletter
-Facebook
Palabras clave
Busca