Presentaciòn
Presentaciòn
buscaba a Ángela? ¿Quién es Ángela? De ella sabían que en 1947 se le había aparecido la Virgen: ¡Dios, precisamente en 1947, en la víspera de otro “ocho” fatídico, 1948! Los autobuses venían desde Génova, Turín, Milán, para ver a la niña que “veía”, sentían la necesidad de una confirmación, de un signo del cielo…Era, luego, a esta Ángela a la que habían venido los peregrinos. En los años cincuenta una muchedumbre recorría los malos caminos provinciales (quizás como eran en los años cincuenta) que conducían de Voghera a Tortona hacia esta tierra campesina, conocida como mucho por los salamis de Varzi. Pero era distinta la muchedumbre de los años cincuenta de las tesis sesentayochescas que se amontonaban en interminables asambleas, en las que el problema de cada uno tenía el derecho de imponerse a la atención de todos…Las dos muchedumbres coexistían, una confluía junto a la otra, a veces se mezclaban, pero frecuentemente entraban en conflicto.
¿Por qué Ángela era el centro de las dos muchedumbres y se encontraba finalmente como referente, como sujeto dialogante para ambas? Este es precisamente su secreto. Ángela había visto. Pero no el cielo, sino la tierra. Había visto las posibilidades del hombre. En la Virgen había vislumbrado la vida común, lo que cada hombre es. Para ella los dos términos separados (el más allá y el más acá) se habían revelado como una única realidad. Su mirada humana había visto la tierra con la mirada divina: las dos miradas eran una sola mirada, la tierra una única tierra, el cielo un solo cielo.
Para ella había sido una experiencia clave, en el sentido de que la abría todas las posibilidades del lenguaje, que le daba la capacidad de enlazar con toda otra experiencia, de recorrer todos los diferentes caminos. Ángela había descubierto, en la posibilidad, todas las posibilidades. Las diferencias históricas eran frutos de la misma tierra, pertenecían a la misma raíz. Esta gran alegría se hace para ella un dolor imposible. Ver lo posible, ofrecer lo posible, sentirlo recaer. Ángela ve el mal del hombre como negación de su posible, como clausura de cada uno en el caparazón de su finitud. La posibilidad es para el hombre infinitud: la infinitud es todos los otros hombres. Ángela rechaza el lenguaje religioso y pío con el mismo empeño con el que rechaza un lenguaje ideológico y político. Su “tarea” es la de crear un lenguaje hablándolo, decir las mismas palabras con el mismo significado, de modo que tengan sentido para situaciones históricas, para personas profundamente diferentes. El sesenta y ocho acaba, caen las tumultuosas asambleas, como acaban las pías peregrinaciones. Casanova queda desierta de multitudes durante largo tiempo. Pero Ángela no permanece silenciosa: ¿quién puede callar cuando ha recorrido el drama de lo posible que no se hace real? Ella recorre Italia, España, Las Canarias, Francia, para decir su lenguaje, mientras a su alrededor la caída de las posibilidades se manifiesta en lo profundo y en lo oscuro que invade el horizonte humano: los años de plomo, los años del nuclear posible…A su alrededor la Iglesia calla. Habla alguno en particular, pero la institución permanece silenciosa e incierta. Alrededor de Ángela la Iglesia siempre ha permanecido compactamente hostil. Para la institución nada es ya posible, todo ha sido ya dado y es la Iglesia misma. Ángela está deslegitimada, la institución no reconoce lo que no es suyo.
Pero Ángela camina y habla. En 1971 se ha casado con Giovanni, ha nacido Alexander: un signo de esperanza, la posibilidad expresada en la carne, el sello del futuro posible.
Ella no ha querido permanecer en la penumbra de la sagrada excepcionalidad, de la separación estéril que la institución pretende de todos aquellos que invaden la esfera de lo sagrado. Pero para Ángela, la Virgen no ha sido jamás lo sagrado: ha sido siempre la humanidad posible.
Ahora Ángela, que ha creado lenguaje y relación, siente la necesidad de hacer un esfuerzo para condensar el lenguaje en escritura. De esta necesidad nace el libro. El libro es la historia de un lenguaje largamente hablado. Pero hay más. Ángela no ha pronunciado jamás el nombre de Dios en vano. En este punto de la historia, y de su historia, lo pronuncia, porque sabe que sólo apropiándose del lenguaje sobre Dios es posible hablar del hombre. Sabe también que toda operación lingüística verdadera es una operación real. Ella pone su lenguaje en el cuadro de la realidad total del hombre, fuera de toda profesión y de toda confesión, sean estas positivas o negativas.
Su lenguaje tiene como referente la experiencia posible infinita que el hombre puede hacer de si mismo, en si mismo y en los semejantes, con los otros. Es lo que Ángela ha expresado en la visión que en el libro se hace discurso. No se puede leer este libro sino como parte de la historia de Ángela, como su significado y su sentido a un tiempo.
Lo ha escrito empujada por la urgencia:” el tiempo se ha hecho corto”. De otro modo Ángela, que tanto ha hablado a los diferentes “tú” y “vosotros”, no se hubiera confiado a la impersonalidad de la escritura. Pero esto también es un modo de transmitir a la atención de las personas a las que se dirige el libro. A éstos sólo puedo dar este consejo de lectura. Ninguna palabra usual, menos que nunca “Dios” u “hombre”, son usadas aquí de modo habitual. Para entender el sentido, es necesario leer las definiciones en el uso que Ángela hace de ellas en este libro. Dios aquí podría ser definido como el absoluto posible del hombre, y el hombre el pleno posible de Dios. Naturalmente, esta es una hipótesis mía. “Hipótesis imaginada”, pero el lector está con esto invitado, si no a aceptar lo que propongo, a comprender que puede proponer de ello.
Este libro, que se envuelve y dirige sobre si mismo, diciéndose y repitiéndose, deja abierto (aquí está su singularidad) un gran espacio en blanco: deja al lector definir el sentido que él quiera dar a las palabras que ha leído. Nacido de la experiencia de una visión, este libro, pide a cada uno que vea la propia experiencia.
No es el círculo, sino la apertura en toda dirección. Es el símbolo de la cruz; pero Ángela da a este símbolo el nombre más audaz que le ha salido de los labios, y que,
en verdad, jamás había oído de sus labios: “La resurrección de Dios”
Corresponde al lector descifrar el código de Ángela. Verdaderamente no es fácil pero, precisamente, es una experiencia.

Gianni Baget Bozzo – Génova, 13 de febrero de 1984
Conozco a Angela desde el 68. Y el 68 en el que la he conocido era precisamente el 68, en la turgencia de la expresión. Si yo, sacerdote teólogo del cardenal Siri, director de “Renovatio”, he conocido el 68 en vivo, (más allá de la simpatía por un movimiento que ponía en cuestión las “verdades” neocapitalistas difundidas sobre Italia desde finales de los años cincuenta) lo debo a Ángela Volpini. A Casanova Staffora, su región, llegaban parte del 68 milanés, turinés, genovés, veneciano y florentino. Había católicos con crisis de identidad, sacerdotes que ya no encontraban sentido a su ministerio, habían laicos o comunistas en las mismas condiciones; luego muchachos, nacidos entonces, para los que el 68 no era la novedad, sino el nacimiento, la identidad de si mismos consigo mismos. ¿Por qué toda aquella gente buscaba
Angela Volpini
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